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jueves, 18 de diciembre de 2008

¿OVNI's? Condicionantes externos y falsa percepción

Por David Ruiz (Fomalhaut)

Objetos Voladores Naturales;




A pesar de su inmensidad, el cielo que rodea al planeta Tierra se encuentra atestado de objetos voladores identificados, naturales, -cometas, meteoritos, planetas, la Luna y las estrellas-, capaces de engañar al más astuto y experto observador. Sobre todo cuando los distorsionan los cambios atmosféricos, esos cuerpos celestes pueden lograr que tanto el ojo como la mente los confundan con ovnis. Algunas de las más sorprendentes visiones de ovnis son en realidad espejismos magnificados. Si, por ejemplo, una capa de aire frío queda atrapada debajo de otra caliente, la luz que pasa entre ambas se refracta. Si esto sucede cerca del horizonte, puede aparecer de pronto en el cielo una estrella o un planeta, aun cuando al estar por debajo del horizonte no debería ser visible. Si además las condiciones son tales que la atmósfera actúa como cristal de aumento, lo que se ve es un enorme globo luminoso. Las condiciones cambiantes del aire pueden hacer que ese globo lance destellos y varíe de color, como a esas mismas irregularidades se debe que las estrellas lejanas parezcan hacer guiños. Cristales de hielo, nieve, nieblas y brumas pueden también distorsionar las fuentes de luz naturales.


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Por ejemplo, las masas de cristales de hielo arrastradas por el aire pueden concentrar la luz hasta formar una impresionante columna. Con la adición de copos de nieve, esa columna puede aparecer cruzada por una franja horizontal, creando la ilusión de una cruz resplandeciente suspendida frente al Sol. En opinión de al menos un investigador, fue la fisión de ese fenómeno natural la que provocó la conversión del emperador Constantino al cristianismo en el año 312. Véase un claro ejemplo de este curioso fenómeno natural:




Los llamados rayos esféricos o bolas de fuego, casi tan misteriosos y controvertidos como los ovnis, son otro fenómeno meteorológico fácil de confundir con naves extraterrestres. Se trata de conglomerados esféricos de plasma, gas fuertemente ionizado que despide una intensa luminiscencia blanca o anaranjada. Estas esferas pueden desplazarse a ras del suelo, incinerando o fundiendo los elementos con que entran en contacto; otras veces se elevan a cierta altura, hasta que se disuelven en medio de una explosión.





La fricción causada por el movimiento de grandes masas de aire a temperaturas diferentes puede producir otro tipo de fenómeno: el fuego de San Telmo. Esta descarga eléctrica tipo halo brilla a veces con tiempo tormentoso en torno a las superficies conductoras de las alas de los aviones, los barcos que navegan y los campanarios.




Llegados a este punto, también podemos hacer mención del fenómeno natural del “Destello Verde”.

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“¿Ha presenciado usted alguna vez la puesta del Sol en el mar? Sí, indudablemente. ¿Y siguió al Sol hasta ese momento en que la parte superior de su disco toca la línea del horizonte y luego desaparece? Probablemente también. Pero, ¿se dio cuenta de un fenómeno que suele ocurrir en el momento en que el astro radiante lanza su último rayo, cuando el cielo está completamente despejado y transparente? Puede que no. Pues, no pierda la ocasión de presenciar este fenómeno. Sus ojos percibirán, no un rayo rojo, sino un rayo de maravilloso color verde, de un color, que no hay pintor que pueda reproducirlo en su paleta y que la propia naturaleza no ha repetido ni en los diversos tonos de las plantas, ni en el color más transparente de los mares”.





¿Por qué se produce el rayo verde?

“Para comprender la causa de este fenómeno hay que recordar cómo vemos los objetos cuando los miramos a través de un prisma de cristal. Hagamos, por ejemplo, el siguiente experimento: cojamos un prisma de cristal y, teniéndolo delante del ojo horizontalmente, con la parte ancha hacia abajo, miremos a través de él una hoja de papel blanco clavada en la pared. Notaremos, en primer lugar, que dicha hoja sube a una altura mucho mayor que la que ocupa en realidad, y, en segundo lugar, que tiene en su parte superior un borde violáceo azulado y en la parte inferior otro borde amarillo rojizo. La elevación depende de la refracción de la luz y los bordes coloreados, de la dispersión que produce el cristal, es decir, de la propiedad que tiene éste de refractar distintamente los rayos de colores distintos. Los rayos violeta y azules se refractan más que los restantes, por lo cual, el borde que vemos en la parte superior es violáceo azulado; los rayos rojos, por el contrario, son los que menos se refractan, por cuya razón vemos nuestra hoja de papel con un borde rojo en su parte inferior.”
“Para en adelante comprender mejor, es conveniente detenernos un poco en el origen de estos bordes coloreados. El prisma descompone la luz blanca, procedente del papel, en todos los colores del espectro, produciendo una multitud de imágenes de dicha hoja de papel, situadas en el orden correspondiente a la refracción de los distintos colores, pero superpuestas parcialmente unas a otras. De la acción simultánea de estas imágenes coloreadas superpuestas, nuestro ojo recibe la sensación del color blanco (suma de los colores del espectro), pero por arriba y por abajo sobresalen los bordes de los colores que no se mezclan” (…)

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“La atmósfera terrestre viene a ser para nuestros ojos algo así como un enorme prisma de aire, cuya base está dirigida hacia abajo. Cuando miramos al Sol en el horizonte, lo hacemos a través de este prisma gaseoso. El disco toma por su parte superior un borde de color azul y verde, y por la inferior otro, de color rojo y amarillo. Mientras el Sol se encuentra sobre el horizonte, la claridad de la luz del disco es tan intensa, que apaga estas zonas coloreadas e impide que las veamos. Pero en el momento de la salida y de la puesta del Sol, cuando casi todo el disco está oculto tras el horizonte, podemos ver el borde azul de su parte superior. Este borde es en realidad bicolor: su parte más alta está formada por una franja azul, y la más baja, por una celeste, resultado de la mezcla de rayos azules y verdes. Cuando el aire próximo al horizonte está completamente limpio y transparente, vemos el borde azul, o “rayo azul”. Pero con frecuencia, los rayos azules se dispersan en la atmósfera y queda solamente un borde verde; éste es precisamente el fenómeno del “rayo verde”. En la mayoría de los casos, la atmósfera está turbia, y dispersa, además de los rayos azules, los verdes. En este caso no se observa ningún borde y el Sol, al ponerse, semeja una esfera purpúrea”

Fuente: http://marcianitosverdes.haaan.com/2006/12/el-destello-verde-2/




El ojo del espectador;




El ojo humano, ya avizore un objeto volador no identificado en el cielo nocturno o examine la roja filigrana de una rosa abierta al sol, es el instrumento óptico más compacto, portátil y flexible del mundo. Pero no es perfecto, y sus imágenes pueden parecer distorsiones y defectos debidos no sólo a sus propias limitaciones, sino a factores emocionales y del medio. Por ejemplo, las partículas diminutas en el líquido ocular pueden parecer formas que se mueven a gran velocidad en el cielo diurno. “Casi todo el mundo tiene chiribitas”, dice Hershel W. Leibowitz, especialista en Psicología de la percepción de la Universidad de Pensilvania, “y raro es el que no ve de vez en cuando luces inexistentes”.

La miopía o cortedad de vista y la hipermetropía o presbicia pueden también distorsionar los estímulos visuales. Según un estudio, la miopía afecta a la cuarta parte de algunas poblaciones europeas y al 60 por 100 de ciertos grupos japoneses, de modo que parece probable que al menos algunos OVNIS hayan sido vistos por personas con ese defecto.

El ojo humano necesita también claves (objetos conocidos y distancias familiares), para precisar lo que no conoce. Si, por ejemplo, se muestra a un sujeto un único punto de luz inmóvil en un cuarto oscuro, esa luz, casi siempre al cabo de sólo unos segundos, parecerá moverse. Para unos la luz describirá un arco, mientras que a otros puede parecerles que se mueve hacia atrás y hacia delante o a sacudidas. En cualquier caso, aunque la fuente luminosa esté inmóvil, el movimiento que “ve” el observador es muy real, y como reales pueden ser percibidos también los OVNIS.





Factores emocionales pueden asimismo ejercer gran influencia en lo que “ve” el cerebro. En un caso ocurrido en Illinois en 1978, decenas de personas dijeron haber visto el remate en forma de cúpula y las luces giratorias de un gigantesco platillo aerotransportado. Pero, lo que en realidad habían visto, era un tablero de señales luminosas de un avión que hacía publicidad. Después, mezclando sus temores con ideas previas sobre los OVNIS, se habían fabricado un “encuentro cercano” imaginario.

Referencias extraidas del libro: Hacia lo Desconocido, del “Reader’s Diggest”